El mito del "milagro" instantáneo
Cuando hablamos de masaje, la mayoría piensa en un placer momentáneo para aliviar el estrés diario. Pero, seamos honestos: ¿qué expectativas tenemos al acostarnos en la camilla? Muchos pretenden una "magia" que les arranque contracturas que vienen acumulando desde el día que salieron del canal de parto. ¡Es imposible! Acumulamos años de tensiones sin darnos cuenta y pretendemos que desaparezcan en 50 minutos.
El "Infarto" Muscular: Plástico derretido en tus fibras
Para entender la gravedad de una contractura, hay que hablar con la verdad: un músculo contracturado es similar a un músculo infartado. En el corazón (músculo estriado cardíaco), el infarto deja sectores sin funcionar debido a las toxinas y la falta de riego.
En el músculo esquelético sucede algo idéntico: pequeños grupos de fibras se "pegotean" como plástico derretido. Pierden su estructura original, mueren y dejan de permitir que la sangre circule libremente entre ellas. Ese nudo que sentís no es solo tensión; es tejido que está perdiendo su vida.
Sangre tóxica: El combustible del dolor
La gravedad de ese "pegoteo" depende directamente de qué tan limpia esté tu sangre. A mayor cantidad de desechos tóxicos, mayor cantidad de contracturas. El tabaquismo, el alcohol, el exceso de medicación y los químicos de los alimentos procesados saturan el torrente sanguíneo. Una pastilla no va a disolver ese pegoteo químico y físico.
La verdadera función del Masoterapeuta
La única forma de revertir este proceso es mecánica y natural: el masaje. Al activar la circulación de forma profunda, logramos:
Barrer las toxinas acumuladas.
Aportar glucosa (la energía vital para la contracción y relajación).
Oxigenar el tejido para que recupere su elasticidad.
El masaje no es un lujo; es la herramienta más efectiva para recuperar el equilibrio biológico que nos es propio.
Conclusión: El Retorno al Equilibrio
Entender el masaje desde esta profundidad nos devuelve la responsabilidad sobre nuestro propio cuerpo. No se trata simplemente de "amasar" piel; se trata de intervenir en una red compleja de nutrición y limpieza celular.
Recuperar el bienestar no es un evento fortuito ni una solución de farmacia; es un proceso de reeducación del tejido. Cuando elegimos el camino del masaje consciente, estamos eligiendo devolverle al músculo su capacidad de respirar, de alimentarse y de liberarse de sus propias prisiones químicas. En definitiva, es el acto más noble de respeto hacia nuestra propia biología: el retorno al equilibrio natural que nunca debimos perder.
El saber no se hereda: Se conquista
Hace un tiempo, una alumna se me acercó con una pregunta que me dejó pensando. Me miró y me dijo: “Ángela, ¿vos tenés marido o novio que sea Médico o Kinesiólogo? ¿De dónde sacaste todo ese conocimiento?”.
Me causó gracia, pero también me dio la pauta de cuánto se subestima a veces nuestra profesión. Mi respuesta fue clara y es la que hoy comparto con ustedes:
No necesito que nadie me preste el título ni el conocimiento. Todo lo que sé, lo estudié y lo pagué yo. Mi cerebro es mi biblioteca. Cada vez que pongo mis manos sobre una contractura, no solo estoy aplicando fuerza; estoy aplicando años de estudio en Osteopatía Superior y anatomía profunda. El saber no viene de "estar al lado de alguien", viene de quemarse las pestañas estudiando la diferencia entre un tejido sano y uno colapsado.
Cuando venís a mi gabinete, no venís a que alguien te "toque": venís a que una profesional use su artillería pesada para devolverte el bienestar.
Asesoramiento Brindado por Profesional Angela Gabriele
Dermatocosmiatra y Auxiliar en Cirugia Plástica UBA/Osteópata
